Planazo Fashionhorrors: exposición 'Sol Negro' de Rubenimichi en la Fresh Gallery de Madrid



El Sol Negro de Rubenimichi

El Sol Negro nos ilumina con la oscuridad del conocimiento.
Saturno es el eje central de esta exposición. Este ente poderoso –que más que un dios o un planeta es una compleja y diseminada forma de entender la realidad del cosmos, su energía y su poder– ha prestado a estos artistas uno de sus múltiples nombres para el conjunto de obras plásticas que aquí se presenta: Sol Negro.
Sol Negro. Bellísimo nombre para algo más que un astro que opera desde el cielo como uno de los grandes misterios del sistema solar, y reflejado en la Tierra en infinidad de representaciones, en todos los continentes y en prácticamente todas las culturas.
Porque Saturno no es sólo el dios romano de la agricultura y de los ciclos de la vida. Es el dios que recoge todas las tradiciones paganas, resultado de un sincretismo de larguísimo recorrido que atraviesa el mundo en toda su extensión y a lo largo de los siglos. También es el dios del tiempo. Esta autoridad le es dada por su relación con la cosecha y el cambio de estación, cuyas celebraciones, las Saturnalias, consistían en una verdadera subversión de las leyes naturales y las convenciones sociales, momentos cuasi mágicos, siempre unidos al final de un ciclo y el comienzo de otro. Y es que hay algo que no se puede obviar: este dios representa fundamentalmente el paso implacable del tiempo y, por lo tanto, la muerte. Conocer a Saturno es intentar entender nuestro significado y nuestro fin, y buscar su influjo es abrazar el conocimiento, aunque sea atravesando la oscuridad.
Éste es el germen que ha inspirado a Rubenimichi en su tercera exposición individual en La Fresh Gallery. Lo saturniano nos rodea. Hay miles de símbolos que nos indican el camino, tratan de darnos las respuestas. Y aunque no queramos verlos, todos responden a un lenguaje único. Todo: lo referente a lo bueno y a la luz, y lo que representa lo malo y la oscuridad. Sobre este planteamiento, y bajo el signo de Saturno, Rubenimichi consiguen acercarse a ese lenguaje cósmico, rastreando los símbolos, asumiéndolos como propios y jugando con su misterio.
Después de mostrar su afinidad con los outsiders y los deformes nómadas del circo en su exposición “Mágico” y, tras perderse en los bosques oscuros en busca del poder atávico de la naturaleza en “Sobrenatural”, Rubenimichi tiran de la madeja para continuar aquí con los ritos saturnianos, su aura y simbología.
Algo nos dice que los suyos no parecen temas distintos, y es que en realidad es probable que siempre sea el mismo. Porque si algo fascina a Michi, Rubén y Luisjo, es lo oculto, lo secreto, lo oscuro o lo mágico, que mueve y domina una buena parte de su trabajo. Y también todos sus ritos, aplicados incluso al propio proceso creativo. A nadie se le escapa. Algo hay de brujos en esta oscura y, en apariencia, simpática trinidad.
En sus cuadros, Rubenimichi se dejan llevar por una audaz intuición que parte del asombro por ciertas realidades cotidianas y que culmina en la asimilación de cualquier fenómeno que se presente como indescifrable. Según sus planteamientos ahí es donde está el poder, la energía o la magia. Y es ahí donde encuentran su espacio, uno en el que especular a través de la pintura, buscando las respuestas, ofreciendo una documentación exahustiva de su fascinación. Hay que añadir aquí, aunque suene excesivo, que su trabajo es un fiel reflejo de sus dogmas e ideales.
Afirmando que el conocimiento es una fuerza poderosa y peligrosa, nos asalta la duda de “querer conocer”. Porque es una fuerza dual, blanca y negra. Quizá más negra que blanca por lo que conlleva: y es que el conocimiento “real” nos enseña a descifrar las señales, nos abre una puerta a la oscuridad del cosmos.
Ninguna corriente filosófica “seria” da crédito a estas afirmaciones. Sin embargo hay una sensación general –muy actual– que se enmarca en esta línea. Un universo de citas y referencias, de pensadores, de estudios profanos, de escritos apócrifos, y de manifestaciones de la cultura popular, que coquetean con las definiciones de esa parte incomprensible del ser humano, atando cabos sueltos, relaciones ancestrales, hasta llegar a lo puramente saturnal. Creencias, supersticiones o mitos que ponen de manifiesto que el ser humano es un simple muñeco en manos de una fuerza poderosa y desconocida. Que por desconocida da miedo, pero que quizá pueda encarnarse en una sola idea: el Sol Negro.
En la cultura occidental, este Sol Negro tiene un claro componente satánico, en cuanto a que se presenta como el contrario al sol blanco de la paz celestial. Inevitablemente va contra Dios, y, si a éste se le atribuye la misericordia y el perdón, a aquél se le presenta como instrumento del caos y autor de todos los males. Ahí vemos su relación con Moloch, dios antiquísimo de la creación y también de la destrucción del mundo y del tiempo, un dios con cabeza de carnero al que se le hacían sacrificios humanos, habitual referente para explicar las formas monstruosas que puede adoptar el demonio. He aquí una posible iniciación a algunas de estas divagaciones.
Pero no es exageración, en la rama de la teología hay miles de páginas escritas relacionando directamente el culto a Saturno con el del mismísimo Satán. La cuestión es que Satán es un concepto demasiado restringido y manipulado por una de las partes. Aquí hablamos del dios de lo sincrético, el verdadero dios omnipotente, el que ha dado pie a cientos de cultos y el que ha sabido devorar a sus hijos volviendo a nutrirse de las ideas de todos ellos. Es normal que se le tache de maligno, aunque más bien refleje un compendio de todo lo que es, sencillamente, contracultural.
El cubo que aparece en todos los cuadros de esta exposición, viene a representar la síntesis de estas y otras muchas interconexiones. El mismo planeta Saturno nos lo muestra entre otros símbolos fundamentales para las creencias en torno al Sol Negro. Estos símbolos han sido objeto de estudios al margen de la ciencia (tal como la conocemos hoy en día), como parte del saber oculto desde tiempos ancestrales. Sin embargo, la misma ciencia viene a ratificar el origen de estas simbologías. Según ha captado la NASA en al menos dos misiones destinadas a estudiar su morfología, Saturno tiene en su polo norte una acumulación nubosa permanente que forma la figura geométrica del hexágono y en el polo sur, un huracán idéntico a los que se producen en la Tierra en cuyo vórtice se ve claramente el ojo de la tormenta. Mención aparte merecen sus anillos, durante siglos, uno de los mayores misterios de la cúpula celeste. Pues bien, el hexágono es una figura que desde un análisis volumétrico se puede interpretar como un cubo. A partir de esta observación el Cubo Negro de Saturno se convierte en un símbolo místico y reiterativo en el culto a Saturno, así como el ojo que todo lo ve y el círculo cruzado que aloja el hexágono y el hexagrama.
Pero las menciones a Saturno, ya sea como dios, planeta o fuerza subyacente, aparecen también en el neopaganismo, en toda la civilización egipcia (con ciertas simbologías geométricas ya establecidas), en la Francmasonería y en toda la estirpe Illuminati, se le asoció con el nazismo, es el germen de todas las teorías conspiracionistas que mezclan dinero y poder porque es el dios que ampararía la dominación mundial. Es la inspiración bohemia por antonomasia y los escritores malditos sufren su infausta influencia, además es habitual portavoz del mal en la ciencia ficción o en la literatura de terror. Es inevitable seguir su rastro en, evidentemente, la astrología, pero también en la numerología, en la cienciología y en prácticamente todas las corrientes esotéricas desde el hermetismo al yoga.
Las coincidencias no existen. Las respuestas están más cerca de lo que creemos y posiblemente haya poderes fácticos que no permitirán jamás que las descubramos. Sin embargo, y mientras tanto, podemos comenzar a observar estos símbolos como han hecho Rubenimichi de manera que casi podamos sentir a Saturno más nuestro que nunca. Porque aquí comulgamos con este mal diferente y atractivo, seductor, cercano a la frivolidad o a lo sádico, pero también a lo poético, a lo luminoso, a lo inspirador. Es un poder contradictorio y fascinante colmado de claroscuros en los que encontramos ritos y diosas, jóvenes vírgenes y sacerdotisas. Misas negras o Saturnalias, envueltas en una voluptuosidad romántica… Y es que lo saturniano da mucho de sí. En estos cuadros fluye como un torrente la imaginería de lo oculto: el velo que cubre y esconde. La hoz, el estramonio, los altarcillos, los huesos y todo lo mortuorio. El hexágono, como el triple seis satánico o como el hexagrama o estrella de seis puntas, que se transforma en cubo en su perspectiva caballera. Pero también el hexágono como la celdilla de la abeja, representación de las sociedades secretas. Es un juego acumulativo, sí pero… ¿sólo un juego? ¿O más bien un lenguaje?
Si hay algo después de la muerte, sólo Saturno nos lo puede explicar. Ése es el poder del Sol Negro: la oscuridad total que nos deslumbrará a la vez que nos dará las respuestas.
Roberto Salas


LaFresh Gallery –Madrid
20 Febrero – 31 Marzo 2015

www.lafreshgallery.com
www.rubenimichi.com


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